jueves, 28 de julio de 2016

Polis: Prologo - Fragmento 4

Lo que ninguno de los dirigentes de esta misión logró prever fue que las tropas de Polis habían notado la intención de estas excursiones enemigas y habían preparado una defensa en este lugar para la llegada del ejército oscuro, trepados al borde de los abismos y acantilados, montando guardia entre las rocas que el pasaje había dejado colgadas al tajarse la cordillera. Los alakës lograron deducir que sus enemigos preparaban una incursión para conquistar Erutar. En los concilios celebrados por los alakës se barajaron las posibilidades y las opciones que tenían los borkës para tener éxito en su propósito, llegando a la misma conclusión que su enemigo: su única opción era la bahía de la gruta. Aunque solo eran cincuenta guerreros los que custodiaban el pasaje, entre ellos estaban los guardianes del gran árbol, el príncipe y el rey mismo, cuyo título recaía en ellos por su poder y no por herencia. Por desgracia para los borkës, este lugar ahora estaba custodiado a la espera de su inevitable llegada y Erutar había sido la tierra de los éldon durante milenios, lo que se traducía en un conocimiento de aquel lugar tan vasto como sus propias vidas.

Ya estaba escrito. Esta batalla sería de borkës contra alakës, dos razas condenadas a derramar sangre entre si y a odiarse hasta el fin de los tiempos. Los borkës eran las criaturas más inteligentes y malvadas que este mundo conocía. Un poco más altos que nosotros y con una constitución ancha, pues su vida giraba en torno a las batallas. Aquellos seres eran fuertes y tenían una piel escamada que les servía como armadura natural. Muchos de ellos desarrollaban escamas puntiagudas en los brazos las cuales se podían usar como pequeñas cuchillas en contacto directo con sus enemigos. Tenían cuatro dedos en sus manos y cuatro en sus pies, los cuales marcaban una pisada digitígrada en tres de ellos. Aunque normalmente vestían cuero y ropas de tela, su raza se preparaba para la guerra con armaduras ajustadas, hechas con un material flexible, pero más duro que el acero, lo que los hacía casi completamente impenetrables con solo fuerza y destreza. Sus rostros eran bruscos y en sus miradas de ojos oscuros se veía toda la maldad y poder que residía en ellos. Normalmente, tenían tres pares de cuernos que se prolongaban desde cada lado del rostro hacia la parte trasera de su cabeza, lo que sin duda los hacía ver tan imponentes como lo eran. Sin embargo, otros solían tener cuernos en sus barbillas o sus frentes, lo que los hacía su rasgo más característicos para distinguirlos.


Historias de Terran por S. Arias


 

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