Contra todo pronóstico, el agal recibió un ataque frontal que lo obligó a detenerse. Una ráfaga de luz blanca en forma de corte vertical llegó hasta la bestia cortando el suelo. El agal puso los brazos cruzados al frente evitando que aquel extraño ataque lo desestabilizara. Al quitar los brazos y buscar el origen del ataque vio una línea recta que marcaba el suelo unos treinta metros hasta llegar a los pies de Frouken. El alak del millar de vidas había decidido volver a la ofensiva. Aquel guerrero que una vez renunció a su linage, había tomado la decisión de extraer de hoja de luz un poder antiguo que le permitía lanzar un corte a distancia. La poderosa randagord extraía de su portador parte de su energía vital y la transformaba en una fuerza que expandía el alcance de su filo a través del aire al mismo tiempo que mejoraba exponencialmente su efectividad. Aunque este ataque contra un agal no parecía ser lo suficientemente letal debido a los acontecimientos previos de aquella batalla....
Desde las naves los tripulantes podían divisar que se acercaban a una plataforma terrestre que flotaba entre las nubes. Era un continente entero movido por el poder del mismo núcleo que daba luz a este mundo y al mismo tiempo generaba las nubes que lo rodeaban al evaporar los torrentes de agua que caían atraídos por su gravedad. Debido a esta fuerza gravitacional, sus naves no podían volar sobre ninguna plataforma y esto los obligaba a llegar hasta la orilla de Erutar y seguir su camino marchando. Haciendo un ruido más tenue que el que generaban los torrentes más cercanos, las naves llegaron al borde de esa estructura de roca colosal que flotaba en medio de la nada y comenzaron a desembarcar. Habían llegado al continente del gran árbol, donde años atrás se había erradicado el mayor mal que había amenazado el mundo creado por Arkan. Este estaba naturalmente protegido del ingreso de extranjeros, pues tenía grandes acantilados alrededor, y las bahías (si se le puede llamar así a estos l...
Durta se encontraba sano y salvo fuera del pasaje cerrado junto a un puñado de soldados que salieron a tiempo. Algunos habían resultado ilesos y ayudaban a sus compañeros heridos en batalla o por las rocas que caían en el pasaje cuando estaba colapsando. Aunque varios alakës fueron tragados por la gruta, de las colinas de la montaña bajaba un puñado de arqueros que habían sobrevivido. El príncipe dejó el cuerpo de su padre al cuidado de algunos soldados y fue en busca de los dos guardias reales. Al mirar sobre los escombros a lo lejos, estaba Rotran de pie abrazando a Frouken. Ambos jadeaban y se quejaban por sus heridas, pero habían escapado de alguna manera de la gruta y estaban vivos. Fue así como terminó la primera batalla de aquella guerra con una agria victoria para los alakës del titánico árbol de Polis. Historias de Terran por S. Arias
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